El
Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor, el 23 de abril, además de ser una fecha cargada de simbología
por haber coincidido en la misma el nacimiento o muerte de varios escritores (*) de
distintas nacionalidades y épocas, es una fecha que debemos celebrar todos. Es
nuestro deber. La celebración del conocimiento, de la creatividad y de esa
forma especial de transmitirlos a través de la palabra escrita: el futuro de
nuestra especie humana depende de esta capacidad de transmitir cultura, conocimientos,
ideas, pensamientos a las nuevas generaciones. Y del amor por la lectura que
les podamos inculcar, dependerá el éxito con el que utilicen e incrementen esos
conocimientos.
La mejor manera de inculcarle a los más jóvenes ese amor por la
lectura es celebrándola, que para ellos sea una fiesta, una alegría. Y no sólo
la fiesta de las instituciones educativas, sino también la de cada barrio, la de cada de cada familia, la de cada individuo. Por eso nuestra obligación
de celebrar en grande al libro (en cualquiera de sus formas) y la lectura.
Unesco dice que el Día Mundial del Libro es para “rendir un homenaje
mundial al libro y sus autores, y alentar a todos, en particular a los más
jóvenes, a descubrir el placer de la lectura y respetar la irreemplazable
contribución de los creadores al progreso social y cultural”. Y eso nos lleva a la otra celebración, que en
realidad es también lo que celebra el mundo el 23 de abril: la fiesta por los
autores. Los escritores que con su creatividad y su trabajo contribuyen con el
progreso de la humanidad. En Panamá, además de hacerlo el día del libro, lo
hacemos el día en que nació Rogelio Sinán, cada 25 de abril, Día del Escritor Panameño.
Por el libro y por los escritores panameños, la Fundación El Hacedor está de fiesta. A los lectores y a los autores los felicitamos en estas dos fechas tan especiales. ¡A celebrar!
(*) Miguel de Cervantes Saavedra, William Shakespeare, Inca Garcilaso de la Vega, Maurice
Druon, K. Laxness, Vladimir Nabokov, Josep Pla y Manuel Mejía Vallejo.